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ⓘ Guerra entre Artigas y Ramírez

La guerra ocurrida en 1820 en las Provincias Unidas del Río de la Plata entre el gobernador de la provincia Oriental y jefe de la Liga Federal, general José Gervasio Artigas, y su hasta entonces subordinado gobernador de la provincia de Entre Ríos, Francisco Ramírez, terminó con el triunfo de este último, quien logró una efímera hegemonía en la Mesopotamia argentina y significó la derrota definitiva de Artigas que debió exiliarse en el Paraguay, desde donde ya no regresó la vida política.

                                     

1. Antecedentes

La guerra entre el Directorio unitario de Buenos Aires y los gobernadores federales de Entre Ríos Francisco Ramírez y Santa Fe Estanislao López, se decidió en la Batalla de Cepeda, el 1 de febrero de 1820, en la provincia de Santa Fe. Ambos gobernadores federales eran lugartenientes del general Artigas y fueron apoyados por el chileno José Miguel Carrera. Unieron sus fuerzas para derrocar al gobierno de José Rondeau, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

López y Ramírez enviaron una nota al pueblo de Buenos Aires, dándole un tiempo de 8 días para deliberar sobre su suerte y comunicarles su decisión a los jefes vencedores. Cumplido el plazo, avanzaron hacia la capital, anunciando que no iban en tren de conquista, sino a salvaguardar sus instituciones, dejando a los porteños en plena libertad para que eligieran el gobierno que les conviniese. Sólo esperaban el anuncio de que los porteños se gobernaban libremente para abandonar el territorio de la provincia de Buenos Aires.

Como consecuencia de la derrota, Rondeau debió renunciar por la intimación que el general Miguel Estanislao Soler, jefe del Ejército de Reserva, realizó al Cabildo de Buenos Aires para que disolviera el Congreso Nacional y derrocara al Director. El 11 de febrero, Rondeau renunció y el Congreso de Tucumán se consideró disuelto al huir los diputados a sus provincias de origen. La presión de López y Ramírez logró imponer como el primer gobernador autónomo de Buenos Aires a un aliado, Manuel de Sarratea. Éste firmó con López y Ramírez el Tratado del Pilar, del 23 de febrero de 1820, por el cual se transaba la paz y se convocaba a las provincias a un nuevo congreso, a sesionar en San Lorenzo. Por una cláusula secreta, se acordaba la entrega de armamento a los ejércitos invasores.

Pero entre la batalla y el tratado había ocurrido una novedad, que cambiaría todo: había llegado al campamento federal la noticia de la derrota de Artigas en la batalla de Tacuarembó, ocurrida el 29 de enero, a raíz de la cual éste había evacuado la Banda Oriental hacia Corrientes. Por eso, en el tratado se dejaba a criterio posterior de los firmantes la colaboración en la guerra contra Portugal y se invitaba a Artigas, mencionado apenas como gobernador de la Provincia Oriental, a adherir al Tratado. ​ Fructuoso Rivera abandonó a Artigas y se plegó a los portugueses, instando en cartas del 5 y 13 de junio a Ramírez a que ultimase a Artigas.

Con sus escasas fuerzas, a las que unió partidas de indígenas guaraníes y milicianos correntinos, José Artigas ocupaba el sur de la provincia de Corrientes. Allí se seguía considerando el Protector de los Pueblos Libres, es decir, el superior de Ramírez. Éste, en cambio, consideraba a Artigas sólo como un aliado. En parte, esto era así porque se había encumbrado por sus propios medios. Y, en parte, porque Artigas no estaba en condiciones de proteger a nadie.

                                     

2. Desavenencias entre Ramírez y Artigas

El 27 de febrero de 1820 Ramírez envió a Artigas una carta en términos afectuosos, en la cual incluía el texto del Pacto del Pilar y le decía que la alegría de este pueblo y su reconocimiento hacia el autor de tantos bienes es inexplicable. Pero casi al mismo tiempo, Ramírez escribía a su medio hermano Ricardo López Jordán padre:

Al mismo tiempo Ramírez ordenó detener el envió de 240 fusiles que Artigas enviaba a Corrientes. Bien sabía el caudillo entrerriano que el Protector no iba a aceptar buenamente el acuerdo que acababa de signar y que dejaba a los orientales prácticamente desválidos en manos de los invasores. Artigas estuvo la altura de sus antecedentes, respondió con una carta violentísima, en la que acusaba directamente a su hasta entonces aliado y subordinado de traición:

Ramírez, que estaba preparado para la contingencia, respondió en términos no menos duros:

                                     

3. Las acciones militares en Entre Ríos

Artigas se instaló en abril en el campamento de Avalos cerca de Curuzú Cuatiá en donde recibió la noticia del Tratado del Pilar e intentó respaldarse firmando el Pacto de Avalos con los gobiernos de Corrientes y Misiones 24 de abril de 1820, que tuvo una existencia mucho más formal que real, y debió emprender su última campaña con fuerzas menguadas. Por Corrientes asistieron el gobernador Juan Bautista Méndez y el alcalde de 2° voto del Cabildo de Corrientes, Domingo Rodríguez Méndez; por Misiones, el comandante general Francisco Javier Sití y en representación del Cabildo de Asunción del Cambay, Miguel Ariyú; y por la Banda Oriental, el Comandante Gorgonio Aguiar y el propio jefe de los orientales, José Artigas.

Artigas se hizo designar jefe de las fuerzas que deben sostener una guerra ofensiva y defensiva por la libertad e independencia de estas provincias y protector de los Pueblos de la Liga Federal, con poder para hacer la guerra y proclamar la paz. Armó un ejército de 3.000 jinetes, principalmente de Corrientes, única provincia que aún le era leal. ​

Ramírez partió de Paraná con 1000 jinetes y 300 infantes a las órdenes de Mansilla en dirección al campamento de Artigas en Sauce de Luna, derrotando el 17 de julio en el combate de Sauce de Luna, cerca del río Gualeguay, a las fuerzas correntinas al mando de López "Chico"; y el 22 de julio logró derrotar al misionero Perú Cutí, quien contaba con 300 hombres en el Combate del Rincón de los Yuquerís. Pocos días después batió al misionero Matías Abacú en el combate de Mandisoví. Artigas pasó el río Mocoretá perseguido por Ramírez.



                                     

4. Las acciones militares en Corrientes

El 25 de julio Francisco Javier Sití, quien fuera lugarteniente de Andrés Guazurary y desde el 5 de marzo de 1820 era el comandante general interino de la provincia de Misiones, se pasó al bando de Ramírez, firmando el 28 de julio el Acuerdo de Mocoretá, donde reconoció a Ramírez la dirección de la provincia de Misiones, incluyendo a Mandisoví, que desde agosto de 1819 tenía un alcalde guaraní dependiente del comandante de Misiones y un comandante militar para los criollos dependiente de Entre Ríos. ​

En sus memorias, Ramón de Cáceres recordaba que:

Ramírez llegó la capital misionera Nuestra Señora de la Asunción del Cambay que estaba siendo sitiada por Artigas con 800 hombres. Allí se hallaba Sití, con 600 misioneros resistiendo a Artigas - que estaba indignado por el cambio de bando del comandante de Misiones. Las fuerzas de Ramírez, al mando del comandante Piris, llegaron por sorpresa, venciendo en el combate del Cambay el 20 de setiembre de 1820 la resistencia de los dragones comandados por Matías Abucú.

Esta fue la última acción militar de Artigas: derrotado definitivamente, quedó rodeado por Ramírez, los portugueses y los Esteros del Iberá. En permanente huida hacia el norte por el territorio de Misiones, perseguido de cerca por Piris y por Sití, se acercó la frontera del Paraguay con 150 hombres.

                                     

5. El exilio de Artigas

Las autoridades portuguesas ofrecieron una amnistía a Artigas, con la condición de ser confinado en Río de Janeiro, pero la rechazó, lo mismo que el ofrecimiento del cónsul estadounidense en Montevideo, quien puso a su disposición los medios para trasladarse a los Estados Unidos. ​ hizo arrestar a Pedro Campbell y a Mariano Vera, y se hizo nombrar gobernador.

Artigas llegó hasta Candelaria, entonces en poder paraguayo. El 5 de septiembre de 1820 cruzó el río Paraná hacia Itapuá con un centenar de fieles y desde allí envió su espada y una carta al dictador Gaspar Rodríguez de Francia, pidiéndole que se le permitiera ingresar al Paraguay con su gente en calidad de refugiado.

El dictador paraguayo aceptó con la prescripción de que no podían acompañarlo grupos mayores de 25 personas, por lo que Artigas licenció a sus fuerzas. Al dirigirse a Asunción, Artigas llevaba por única compañía la de dos sargentos y un liberto, el Negro Ansina, que lo acompañaría hasta su muerte. Rodríguez de Francia lo tuvo confinado un tiempo en una celda de un convento, y luego lo destinó a San Isidro del Curuguaty.

Culminaba así el duro, prolongado y fulgurante ciclo artiguista.