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ⓘ Matilla de los Caños del Río es un municipio y localidad española de la provincia de Salamanca, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Se integra dentro d ..




Matilla de los Caños del Río
                                     

ⓘ Matilla de los Caños del Río

Matilla de los Caños del Río es un municipio y localidad española de la provincia de Salamanca, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Se integra dentro de la comarca del Campo de Salamanca. Pertenece al partido judicial de Salamanca. ​

Su término municipal está formado por las localidades de Canillas de Torneros, Carrascal de Sanchiricones, Linejo, Matas Altas, Matilla de los Caños del Río, Ochando y Pocito, además de por los despoblados de Campo del Hospicio, Carrascalino y El Cueto, ocupa una superficie total de 69.29 km² y según los datos demográficos recogidos por el INE en el año 2017, cuenta con una población de 640 habitantes.

                                     

1. Historia

El primer vestigio de vida en la zona debe situarse alrededor del cuarto milenio antes de Cristo, período en el que los estudiosos incluyen las construcciones de los monumentos megalíticos funerarios llamados dólmenes, como el encontrado en la finca Linejo, del que sucesivas campañas arqueológicas recuperaron diversos e importantes materiales.

En cuanto la actual localidad hay que indicar que fue fundada en el siglo XIV, quedando encuadrada en el Quarto de Baños de la jurisdicción de Salamanca, dentro del Reino de León. ​

                                     

2. Cultura

Las fiestas locales son el Lunes de Carnaval, en las que se suele celebrar los quintos, la comida típica de limones, el martes de carnaval, entre otras actividades. El día de Santiago Apóstol, se celebra el patrón del pueblo, en el que sus actividades más destacadas son la capea popular, comida de paella para todo el pueblo, juegos para niños y mayores y fuegos artificiales acompañados de verbena.

                                     

3. Monumentos y lugares de interés

En el centro del pueblo se encuentra la iglesia parroquial, restaurada y reformada en varias ocasiones, cuyo patrón es Santiago Apóstol en la que se encuentran dos obras del reconocido y laureado escultor, hijo del pueblo, Venancio Blanco, representando a San Isidro Labrador 1944 y Santa Águeda 1990.

El edificio de las antiguas escuelas fue restaurado por los alumnos del C.R.A. Los Carrascales y dedicado a museo escolar. En la fachada se pueden ver dibujos muy variados que fueron pintados por alumnos. En el museo se pueden observar como eran las antiguas escuelas. En ellas estudió el pintor y escultor, Venancio Blanco, y en homenaje a él se le puso su nombre al museo. En él hay libros y material que eran de antiguos alumnos del pueblo, la clase está decorada por fotos de alumnos del pueblo y algunos mapas.

A unos 6km del núcleo urbano se encuentra la Ermita del Cueto, abierta los domingos y días festivos durante la misa de 13:30 a 14:30 horas, la ermita de la Virgen del Cueto es, además de centro espiritual de gran devoción en la provincia, el patrimonio artístico-religioso más importante de la zona. La Virgen María se apareció a unos pastores en una encina, sobre la que se edificó la Ermita. Se accede por la nueva carretera de Salamanca desviándose en Canillas de Torneros siguiendo unos 3 km. por camino de tierra se llega al promontorio donde se encuentra la ermita, desde la que se ven excelentes paisajes y se respiran los aromas del campo charro. La ermita, se encuentra en el interior del recinto de la plaza de toros alrededor de un viejo negrillo. la izquierda de la ermita, se encuentra una humilde casa porticada con balcón corrido, refugio de ermitaños y frailes, forma una esquina encantadora que, por su sencillez, capta enseguida la atención, si nos fijamos en las columnas podemos ver que una es un miliario romano, seguramente traído de la calzada de la plata. El Conjunto de la obra es del S. XVII, aunque el camarín de la Virgen corresponde el S. XVIII. El interior tiene tres retablos uno principal y dos laterales separados del resto de la ermita por una preciosa verja forjada en 1830, dotado, todo ello, de una excelente decoración en el más puro estilo Rococó de la época, resultando espectaculares los dos querubines que, sentados a plomo sobre las dos columnas centrales, sorprenden por su fuerza, movimiento y realismo, así como la labra en piedra del exterior de la capilla camarín. Al final de la nave, en el coro, un estucado policromado representa una escena de la vida de San Isidro Labrador.